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La Coctelera

TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, en busca de una Iglesia samaritanta que trabaje para bajar de la cruz a los pueblos crucificados

Nosotros, grupo de Curas en la Opción por los Pobres, observamos sorprendidos y consternados una nueva sanción a un teólogo.

Nuestro amigo y hermano Jon Sobrino, acompañó nuestras reflexiones durante muchos años con sus libros y sus artículos. Y en todo momento nos enriqueció con su palabra. Esto se vio coronado con su presencia en nuestro Encuentro Nacional, años pasados, con la cual unánimemente, nos sentimos alentados e iluminados para continuar nuestro ministerio de anunciar la Buena Noticia a los pobres.

Nos sorprende el celo de la autoridad eclesiástica ante la supuesta "herejía" del padre Jon, la cual en ningún momento hemos percibido, y el silencio -hasta quizá cómplice- ante teólogos, sacerdotes u obispos que predican con refinada retórica un Cristo desencarnado, un Señor aliado con los poderosos de este mundo, o un Dios que bendice armas, guerras, invasiones o sistemas económicos de muerte.

Hemos acercado nuestra solidaridad al querido Jon y seguimos soñando con una Iglesia que se convierta al Reino de Dios, una Iglesia samaritana que trabaje para bajar de la cruz a los pueblos crucificados. Seguimos soñando. "No necesitamos una iglesia que celebre en «oraciones» políticas el culto de la acción. Nos es completamente superflua y perecerá con toda espontaneidad. Permanecerá la iglesia de Cristo. La iglesia que cree en el Dios que se ha hecho hombre y nos promete vida más allá de la muerte. Del mismo modo, el sacerdote que sólo es un funcionario social, puede ser sustituido por psicoterapeutas y otros especialistas. Pero el sacerdote que no es especialista, que no se está mirando al espejo al dar asesoramiento ministerial, sino que, a partir de Dios, se pone a disposición de los hombres, que está a su servicio en su tristeza, en su alegría, en su esperanza y en su angustia, éste seguirá siendo muy necesario" (J. Ratzinger, Fe y futuro, ed. Sígueme, Salamanca 1973 (original alemán: Glaube und Zukunft, Kösel Verlag, München 1970) p. 75

Por el grupo de Curas en la Opción por los Pobres (13 de marzo de 2007)

Marcos Alemán – Marcelo Ciaramella – Vicente Reale – Eduardo de la Serna

Pobreza en Argentina, un compromiso de todos...

La sociedad no puede desentenderse del fenómeno de la pobreza. Es una responsabilidad colectiva. Se clasifica como pobres a las familias cuyos ingresos no alcanzan a satisfacer el costo de la canasta básica, y se considera en extrema pobreza o indigencia a las familias cuyos ingresos no alcanzan para cubrir la canasta básica de alimentos, sin agregar otros gastos como transporte, salud, vestimenta, educación.

La pobreza es una enfermedad esencialmente de "origen" social que tiene lugar en el seno de la sociedad y, como tal, es un producto de esta. De ahí que el ataque a la pobreza tiene dos tipos de justificaciones: una ética y otra económica.

Ambos enfoques se entroncan en la naturaleza social de la pobreza. La sociedad no puede desentenderse del fenómeno de la pobreza, ya que se trata de una responsabilidad colectiva. Es incuestionable que tiene costos y que la sociedad debe controlarlos y reducirlos.

Los pobres no pueden garantizarse aspectos esenciales para la vida y dignidad humana: alimentación, salud, vestido, vivienda. La Argentina es uno de los mayores países productores de alimentos del mundo; está entre los cinco paises, a nivel mundial, en producción y exportaciones de alimentos básicos, como el trigo, la soja, el maíz y carnes, entre otros. Exportamos alimentos que podrían abastecer a 330 millones de personas. Tenemos 37 millones de habitantes y la paradoja es que 1 de cada 5 niños -un 20% -tiene problemas de desnutrición en el Gran Buenos Aires.

En nuestro país no faltan alimentos, ni platos, ni maestros ni médicos. Lo que falta es voluntad política, imaginación institucional, comprensión cultural, y, fundamentalmente, ganas de construir una sociedad que asegure a cada niño argentino las oportunidades vitales para que se desarrolle con salud y pueda crecer con dignidad.

En la década del noventa nuestro país crecía a un 50% de su economía real sobre la base de las privatizaciones y el endeudamiento externo, el desempleo creció 123% pasando del 6, 5 al 14, 5% .

Estos datos son sin incluir a los desempleados, a las personas incorporadas a los programas de asistencia social, en cuyo caso el desempleo habría crecido un 250% .

Por otra parte, las tasas de mortalidad infantil son significativamente mas elevadas. Mientras el promedio nacional se ubica en el 16% , en Formosa trepa al 28% y en Chaco y Corrientes llega al 24% .

En el Conurbano Bonaerense vive la mitad de los pobres del país. En el 2003 fueron identificados como pobres estructurales 1.042.000 hogares (27%) 4.365.000 personas (34%), lo cual configura al área como la de mayor concentración de pobreza estructural.

El grupo de población joven es el más afectado. Más del 70% de los hogares con necesidades básicas insatisfechas (NBI) cuentan con menores de 14 años o menos.

Es preciso tener en cuenta que en este contexto, los jóvenes deben enfrentar un mercado laboral cada vez más exigente en cuanto a los conocimientos y habilidades requeridas.

Lo único que les cabe esperar es, en el mejor de los casos, oportunidades de empleo limitadas, inserción precaria y salarios bajos.

Revertir la tendencia es un imperativo social y ético que no puede ser banalizado a través de la aplicación de políticas públicas de carácter asistencialista.

Hablamos del 32% de la población (12,2 millones de menores de 18 años), 3% padecen de desnutrición aguda por hambre, que asciende al 6% si se hace foco en la población del NOA, NEA, y cordones de Rosario y el Gran Buenos Aires.

En la actualidad (2007) el índice de pobreza es del 33% , y bajo el nivel de pobreza para menores de 14 años es del 48% , es decir, que dos de cada cinco menores lo están.

El 49, 5% de la población de menores de 14 años es pobre. El 20, 5% es indigente.

La mortalidad infantil alcanza a 16 muertes cada mil nacidos vivos (en Chile es el 8).

Entre el 5 y el 9% de los niños que van de los 5 a 13 años trabajan. Asisten a la escuela y repiten grado el 35% (datos del Gran Buenos Aires).

El 12% no completa el sexto grado; el 39% no tiene perspectivas de terminar el polimodal.

En la zona del GBA, 1 de cada 5 adolescentes entre los 14 y 17 años trabaja, y de ellos, 1 de cada 4 lo hace de noche.